Texto y fotos José Antonio Abellán.

El autor…

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José Antonio Abellán Baños, es Criador de Canarios, Fauna y Exóticos, y aspirante en aprender más cada día. http://www.aviarioabellan.com

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Hembra de camachuelo trompetero criada en domesticidad.

Fringílidos, corresponde al nombre de una familia de aves del orden de las paseriformes principalmente granívoras que engloba unas 128 especies. La taxonomía de esta familia ha sido muy discutida, y en el pasado varios autores incluyeron dentro de ella especies de otras familias, actualmente consideradas separadas, como Emberícidos, Parúlidos, Depraní­didos, Ictéridos y Taráupidos.

Poseen un pico cónico y robusto, y fuertes cráneos donde se anclan poderosos músculos que son utilizados para romper las semillas de las que se alimentan. En el ala presentan 10 plumas primarias de las cuales sólo 9 están bien desarrolladas, siendo la décima más externa llamada alula, muy pequeña o incluso vestigial, complementan el ala 6 plumas secundarias, y 3 terciarias. Mayoritariamente son especies arbóreas, aunque se alimentan frecuentemente en el suelo. Las hembras se encargan de construir el nido en forma de copa abierta, y de incubar los huevos, aunque los machos colaboran en la crianza de los polluelos. Las crías son alimentadas con insectos, frutos, brotes tiernos y semillas silvestres.

 

ESPECIES ESPAÑOLAS

Las especies de esta familia viven principalmente en el Viejo Mundo; 11 de ellas se reproducen en la península Ibérica. Entre éstas, el pinzón común o vulgar es una de las especies más antiguas y difundidas. Otra especie afín, del mismo género pero más escasa que la anterior, es el pin­zón real, que vive en Europa y Asia septentrional, y está presen­te también en la península Ibérica durante la invernada y la migra­ción. Hay otros géneros de esta familia distribuidos por Eurasia y el continente americano, en especial el que incluye a los jilgueros y a los lúganos. Los jilgueros están difundidos por toda la península Ibérica, mientras que el lúgano se reproduce principalmente de los Pirineos

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Canario silvestre, macho en celo de un jardín de Santa Cruz de Tenerife.
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Verdecillo pío, con una aberración no heredable.

hacia el norte de Europa, aunque durante el invierno es fácil observarlo en otros puntos. El verderón serrano es un fringílido de montaña, que se reproduce en la mitad norte de España, vecino del camachuelo común, más asiduo de la cornisa cantábrica. El pardillo sicerin cría en el norte de Europa, y en España es un raro visitante migratorio invernal, aunque en inviernos muy fríos el número de observaciones puede aumentar. Otra especie ibérica poco conocida es el camachuelo trompetero; esta ave, cuya principal población se encuentra en los desiertos del norte de África y Asia, se reproduce también en Almería y en la sierra de Cartage­na y Alicante. Las islas Canarias poseen una especie endémica de pinzón llamado pinzón azul, presente en Tenerife y Gran Canaria. Entre las especies centro europeas más curiosas, se encuentran el picogordo, capaz de romper semillas de cereza con su grueso pico y los poderosos músculos de sus mandíbulas. El piquituerto común pertenece también a esta familia, que con su pico cruzado saca los piñones de las piñas del pino. Estas dos últimas especies están presentes en España, junto con las más populares como jilguero “parva”, el verderón común o europeo, el verdecillo, el pardillo común. Tradicionalmente muchos miembros de este grupo de fringílidos cantores, se han utilizado como aves de jaula, debido a su vistoso colorido y a su melodioso canto, en especial el canario silvestre, cuya población salvaje, antecesora de los canarios domésticos, se encuentra en Ma­deira, Azores, e Islas Canarias.

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Verdecilla bruna, mutación natural de captura.

MUTACIONES

Una mutación es un cambio en la información genética de un ser vivo, dando lugar a la aparición de un descendiente mutante o diferente. Las mutaciones producen alteraciones en la información contenida en los genes, propiciando la aparición de nuevos caracteres que se manifiestan en la apariencia externa o fenotipo del descendiente mutado.

En la naturaleza la recombinación genética que impulsa una nueva mutación, hace aumentar diferentes variantes en los descendientes y, solo, el filtro de la selección natural, será la que dicte sentencia de que caracteres mutantes benefician a esa especie en concreto para una mejor supervivencia, dando lugar también a las nuevas especies (especiación) de seres vivos que pueblan el planeta Tierra.

Las mutaciones que nos interesan en este caso, por su forma de engendrarse se pueden dividir en dos grandes grupos, espontáneas o de origen desconocidos, y la segunda, mutaciones inducidas por agentes físicos o químicos influenciadas por el manejo humano.

Las mutaciones o variaciones externas que apreciamos en los fringílidos, ya sean domésticos o silvestres, pueden ser heredita­rias o no, según afecten a las células somáticas – no germinales-, dándose el caso que algunas variaciones externas o mutaciones pueden ser aberraciones que no se transmiten a los hijos, ya que solo las mutaciones germinales, son las que se trasmiten en los cromosomas a los descendientes.

En los bandos de fringílidos silvestres, es corriente encontrar aves con aberraciones parciales del plumaje, que son solo anomalías transitorias debidas a carencias hormonales o alimentarias, que no quedan registradas en los genes y que, por tanto, no son he­redables.

Cada año, se ven nuevas aberraciones parciales en especies como el pardillo común, y sobre todo en el verdecillo, que al intentar hacerlos criar en domes­ticidad, y después de otra muda normal, no se trasmite a los hijos, y se aprecia que la zona des­pigmentada cambia de tamaño, ya sea a menor o a mayor, pues la mayoría de veces, son pájaros adultos de varios años que lo les sucede, es una despigmentación parecida a las canas del pelo humano o animal.

No obstante, insistiendo en probar todos los fringílidos silvestres que presenten alguna zona amelánica, daremos con alguno que sea transmisible genética­mente, como ha sucedido con las mutaciones poligénicas dominantes del verderón europeo, el jilguero, y el camachuelo común y siberiano.

Las mutaciones germinales afectan a las células precursoras de gametos y son las que más importantes porque se transmiten a la descendencia. Se pueden dividir en dos tipos por su forma de transmisión genética. Si se debe a un gen situado en un cromosoma sexual, es ligada al sexo, y si por el contrario es un gen ubicado en un cromosoma autosómico o libre, se llama autosómica.

Cuando tenemos en nuestras manos un ave con un fenoti­po nuevo, ya sea por el resultado en la cría doméstica, o por captura accidental en la naturaleza, nos tenemos que plantear las preguntas de: ¿Qué tipo de mutación será? ¿Cómo se trasmite? Es esen­cial catalogarla lo antes posible, y saber si es una herencia ligada al sexo, o por el contrario es auto­sómica -no sexual-, y dentro de la autosómica, si es debida a algún gen dominante o recesivo.

Pensando en la aparición cronológica de las mutaciones es­pontáneas en los distintos fringí­lidos de fauna europea y de otros continentes, llamados exóticos, por no ser europeos. Tenemos la constancia de que la primera en aparecer -sobrevivir a los depre­dadores, para ser más exactos-es la mutación bruno, pues los peligros y la selección natural de cualquier nuevo color, pasa por un filtro genético muy exigente, desde el momento en que una pequeña ave abandona su confortable nido.

En el verderón y verdecillo la primera mutación en fijarse en domesticidad ha sido la bruna, y en la actualidad tenemos hembras de verdecillo brunas suficientes y de total pureza, por no venir de cruce de canario, sino de ver­decillas brunas de captura, que nos pueden ayudar a fijar nuevas mutaciones por recombinación de genes con otros verdecillos mutados.

El mimetismo del color de un joven silvestre, unido a la facilidad para seguir a sus padres y hermanos sin llamar mucho la atención, condiciona la supervivencia de cualquier nueva mutación, y mucho más si ese nuevo color produce alguna discapaci­dad, como el no poder ver bien a pleno sol, debido por ejemplo, a la nula existencia de melanina protectora en el iris del ojo.

Aunque nazcan fringílidos con ojos rojos, ya sean albinos (ausencia total de eumelanina y feomelanina), phaeos (ausencia de eumelanina, pero no de feo­melanina), o satiné (factor que elimina la eumelanina negra y la feomelanina, respetando la eu­melanina marrón), hace que estos ejemplares mutados sean más débiles, y mueran en el transcur­so de su independencia y muda, antes de poder reproducirse al siguiente año, cortando así su posible transmisión genética a la siguiente generación.

Sin embargo, se da el caso frecuente de que en la naturaleza prospere una variedad de ojos rojos, menos espectacular en el fenotipo, que no atrae la atención de los depredadores y con más vitalidad por la presencia de algo de melanina en el iris del ojo, como es la mutación que llamamos topacio.

Esta mutación, logra que los silvestres mutados o portadores nacidos con esta herencia auto­sómica recesiva, debido generalmente a la posible consanguini­dad de ejemplares portadores en el mismo bando, por hacer migra­ciones parciales y nidificar en la misma zona como grupos familiares, prosperen llegando a la época de celo y teniendo descendencia que genera portadores y puros en la mutación topacio.

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Verdecillo mutado joven de captura, que al mudar se convirtió en un macho topacio.

Por ello, en la naturaleza, se observan con más facilidad ejem­plares de fringílidos adultos to­pacio, que de la mutación phaeo, aunque las dos sean alelas, con el mismo mecanismo de transmisión genética e idéntica facilidad de crearse, dándose el caso, que en la cría en domestica pase lo contrario, pues al criar pájaros phaeo, por ser más llamativo su color aunque más débil de vitalidad, estos phaeos generen posteriormente por el manejo en la cría, descendientes alelos topacios.

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Verdecillo mutado, macho topacio.

Si el color o mutación to­pacio lo tenemos ya en algunas especies de fauna europea como el verdecillo. Está claro, que es un gen oportunista que se ayuda de su alelo phaeo, y lo mismo recí­procamente.

Hace años conseguí un joven verdecillo de captura muy diluido, que una vez realizada la primera muda en una voladera, se le oscureció el plumaje, y salió macho, quedando la pluma de un marrón claro con diluciones, como la de un canario negro topacio amarillo.

Este macho lo hizo criar mi amigo Herminio Conca, y dio todos los hijos clásicos -portado­res- con una verdecilla silvestre. Al siguiente año, los verdecillos portadores de topacio al aparearse con otros portadores distintos, han generado una hembra de apariencia ágata.

Sucede igual en la fauna europea que en los exóticos, que la aparición de un gen nuevo, abre el camino por la cría masiva en domesticidad de mutaciones ale­lomórficas. Recientemente, se ha desligado del gen phaeo en el Carpodaco mejicano su gen alelo que llamamos topacio.

Una mención aparte por su importancia y rareza, merece que resaltemos la antigua captura de una verderona silvestre en Inglaterra de color amarillo con los ojos rojos, que se pensó inicialmente que era una verde satiné, para comprobar en los años posteriores por la cría doméstica, que era dos mutaciones incorporadas en un mismo ejemplar, resultado al separarlas, el color ágata y el ágata satiné.

Por entonces, en la década de 1960, el mago de la canari­cultura europea Mario Ascheri, al conseguir una verderona lutina descendiente de la silvestre inglesa, logro separar los dos colores, el ágata y el satiné; y contando con la existencia anterior de la mutación bruna en el verderón, sacar por medio del apareamiento de un macho verderón bruno con una hembra ágata, los famosos “passe-partout del satiné”. Machos de apariencia verde, pero portadores de todo, que dieron origen a las primeras hembras de cuatro series melánicas distintas (negra, bruna, ágata e isabela). Fijando el nuevo color isabela en el verderón, y demostrando con posteriores cruces con los canarios satines de la época, que el factor satiné era la misma mutación de ojos rojos ligada al sexo, que la expresada en los canarios domésticos de color.